miércoles, 3 de diciembre de 2014

Trabajo Social con grupos y pedagogía ciudadana: Cap. 1 (Teresa Zamanillo)

En su libro, Teresa Zamanillo, nos presenta un análisis riguroso del trabajo con grupos. En él, pretende sumergir al lector en la utilidad de esta metodología.
En el primer capítulo, nos presenta las bases de este modelo de intervención. Para ello, hace un repaso por las distintas conceptualizaciones con el fin de definir y enmarcar en toda su amplitud esta disciplina.
Este recorrido comienza con un encuadre desde la Sociopsicología donde desde un plano teórico nos plantea que “no somos individuos aislados” como se entiende desde algunos planos de la psicología, he aquí donde nace el paradigma de los problemas epistemológicos entre individuo y sociedad.
La autora, a través del estudio de algunos atures como son Elias, Bleger, Bateson, Morin, nos propone entender a las personas desde una concepción vincular, es decir, “toda conducta de los individuos es un vínculo con los otros, es una relación interpersonal, es un vinculo humano”. Algo que en las profesiones relacionadas con la acción social debemos tener muy presente ya que trabajamos, con individuos en relación al entorno social en el que se desenvuelven y desarrollan, y que en ocasiones dista del entorno social de la población mayoritaria. Es decir, que trabajamos con personas que están en constante intercambio con uno o más entornos sociales de forma simultánea, y que van desarrollando sus habilidades según aprenden a cubrir sus necesidades en cada uno de estos entornos de convivencia social.
Es a partir de este término, el de las “vinculaciones“, que la autora da paso a la disertación sobre Trabajo Social y Sociopsicología donde relaciona ambos elementos poniendo el acento en su utilidad. En palabras de Zamanillo,  “Es la interdependencia, entre lo individual y lo social, lo que caracteriza al trabajo social o, dicho en términos muy frecuentes, en la disciplina: el individuo en su situación”. A partir de aquí Teresa analiza el por qué de esta disciplina y para ello recurre a algunas definiciones de autores. Voy a destacar la definición de Bowers quien sostiene que el trabajo social no se aplica “solo al individuo desajustado o enfermo, sino cualquier persona cuyo ajuste a todo o a cualquier parte de su ambiente físico, social o cultural puede ser resuelto más satisfactoriamente a través de la competencia profesional”
Para definir este intercambio entre individuo y sociedad, la autora también cita la siguiente expresión de Bleger: “Las cualidades de un ser humano derivan siempre de su relación con el conjunto de las condiciones totales y reales. El conjunto de elementos , hechos, relaciones y condiciones, constituye lo que se denomina situación (…)”. Es decir, siempre tenemos que tener en cuenta el o los entornos en los que se desenvuelve el individuo para propiciar el “ajuste” con su medio. Teresa, define el termino de “ajuste”, a mi juicio de forma muy acertada, como “vinculación del individuo a su medio”.
Zamanillo, a través de Mary Richmond, nos propone una clasificación de los tipos de intervención profesional que considero muy interesante, aun que igual no lo veo tanto como una clasificación de intervenciones sino como una serie de rasgos de la intervención a tener presentes:
  • “Comprensión de la individualidad y de las características personales”
  • “Comprensión de los recursos, peligros e influencias  del medio social”
  • “Acción directa de la mentalidad de asistente social sobre su cliente”
  • “Acción indirecta ejercida sobre el medio social”
A partir de aquí la autora nos presenta un análisis de la relación profesional con los destinatarios, para ello vuelve a recurrir al estudio de los diferentes autores que se ha pronunciado en este aspecto (case work). Presentaré un breve repaso sobre la ideas que más me han llamado la atención:
De mano de la literatura psicoanalítica, Zamanillo nos dice que “para que la persona pueda hacer frente a su deterioro, precisa de un modelo que le sirva de referencia, papel que deberá ser interpretado por el TS, (…) además de la acción indirecta que debe ejercer sobre el ambiente  del individuo para que éste pueda emprender su camino de adaptación”.
Hamilton opina que “(…)mediante consejo directo e influencias terapéuticas, y aligerando las presiones del medio ambiente, hace posible la modificación de actitudes y del comportamiento. (…) ahora bien la relación tiene por finalidad ser útil al cliente; por tanto el TS deberá conocerse a sí mismo para evitar caer en actitudes moralistas o coercitivas y para no proyectar sus propias dificultades”
Perlman, quién usa de referencia para su tesis la relación materno-filiar nos dice que este tipo de relación “debe apoyarse en un propósito reconocido por ambos participantes y que debe contener un elemento de autoridad basado en los conocimientos que el profesional posee y en el aprecio y respeto que muestra al individuo”.
Sin embargo todas esta posiciones parten del ajuste del individuo a su entorno y como más adelante nos muestra Teresa en este capítulo, el objetivo de esta disciplina fue reformulado desde el movimiento latinoamericano llamado “movimiento de la reconceptualización” donde se expone el problema de adaptar o ajustar al individuo a una situación socialmente injusta. En relación a esto Ander-Egg cita que “La función del trabajador social no puede ser la de adaptar al hombre a un medio que muchas veces es hostil, a un orden social que mantiene situaciones de desigualdad y explotación”.
Esto es una evidencia en mi trabajo, un poblado chabolista en la periferia de Madrid formado exclusivamente por un mismo tipo de población inmigrante, un microsistema donde se pueden ver los juegos de poder. Un entorno deprimido, que funciona con un reglamento interno en el que se puede apreciar como su propio sistema se retroalimenta y mantienen las posiciones de poder y sumisión. Y a su vez, esta población se ve discriminada por la sociedad mayoritaria y su sistema de clases, clases, que desde el colegio ya se hace evidentes a través de conductas como el bulling.
Como resultado de ambos movimientos, la autora, recurre a Ralp Dahrendorf quién nos propone el concepto de “oportunidades vitales”. “Son una función de interrelación entre opciones y ligaduras. Las opciones son las ocasiones o direcciones entre las que el individuo puede caminar, merceda su posición social (…). Las ligaduras vienen a recordar al individuo sus límites”.
Dicho de otro modo, este concepto nos plantea que somos libres, en parte y esclavos, en parte. Nos propone el juego entre nuestras limitaciones y las oportunidades de cambio, y cómo moviéndonos entre estos parámetros podemos cambiar de situación o de realidad, podemos evolucionar y crear cosas nuevas. “Las ligaduras determinan el elemento del sentido y de la integración, mientras que las oportunidades acentúan el objetivo y el horizonte de la acción”. Y es justo aquí, a mi juicio, donde se realiza el trabajo de intervención social. Un agentes de intervención social, ya sea educador, trabajador, etc. debe saber identificar tanto las oportunidades como las limitaciones y valerse de ellas para que las personas encuentre su propio camino de evolución y cambio.
El siguiente punto de análisis de la autora, es el grupo. Para ello, nos muestra un recorrido por las principales conceptualizaciones. Que sistematiza a través de tres aéreas de análisis: las teorías psicológicas, donde nos muestra los inicios de la teoría de grupos a través del psicoanálisis; teorías de la interdependencia, donde profundiza en los tipos de relaciones que en él se establecen; y el grupo como sistema, donde nos aporta una visión del grupo dinámica
Como ya hemos mencionado, el primer punto sobre el que se detiene para dar forma a la conceptualización de grupo son las primeras teorías psicológicas de grupo. Estas tiene sus inicios en el psicoanálisis. Freud abre la veda a partir de la siguiente reflexión: “La relación del individuo con sus padre y hermanos, con su objeto de amor, con su maestro y con su médico, vale decir, que todos los vínculos que han sido hasta ahora asignados (…) tienen derecho a reclamar que se les considere fenómenos sociales”.
Y a partir de aquí considero importante destacar la aportación de Todorv, quién sostiene que “el individuo vive en primer lugar en su propio cuerpo, pero que solo comienza a existir ante la mirada del otro. Así, la relación como los demás no es algo instrumental o un medio para procurarse placeres (…), sino la meta por la cual perseguíos asegurarnos de nuestra existencia”. Con esto, se rompe la dicotomía entre individuo y sociedad. Nos permite darnos cuenta de que somos al mismo tiempo seres individuales que para vivir y mostrarnos al mundo o incluso, para vernos a nosotros mismos, requerimos de los otros. Los otros nos hacen de espejo y de este modo podemos vernos a nosotros mismos. Otro análisis que me gustaría rescatar de este mismo autor es, el de las necesidades sociales. Todorov nos dice que las necesidades sociales no pueden ser asemejadas a las necesidades biológicas, ya que supondría entender a las personas con las que nos relacionamos, como “cosas” y las cosas, no puede confirmarnos nuestra existencia mientras que las relaciones con los otros sí.
En cuanto a las teorías de la interdependencia, la Zamanillo, comienza este apartado citándonos la definición de grupo de Fiedler, con la que yo comulgo: “Por esta noción (grupo) entendemos generalmente un conjunto de individuos que comparten un destino común, es decir que son interdependientes en el sentido de que un hecho que afecta a uno de los miembros es probable que afecte a todos”.
Por otro lado, también considero importante destacar la “Teoría de la Sintalidad Grupal”de Casttell, ya que en ella profundiza sobre el grupo como elemento en sí mismo con vida propia. Esta teoría gira en torno a 3 conceptos:
  • Sintalidad: “Personalidad de grupo”. Es todo efecto que produce el grupo como totalidad. Es decir, es la energía que convierte al grupo en una entidad con vida.
  • Sinergia: Total de la energía que cada individuo aporta para conseguir las actividades de mantenimiento del grupo y consecución de sus objetivos
  • Sinergia de mantenimiento: Parte de la siinergia invertida en resolver las tensiones y establecer la cohesión grupal. Es necesaria para dar vida al grupo.
Este concepto me parece muy importante ya que nos aclara que un grupo no es sus partes, ni la suma de las mismas. Un grupo es en sí mismo un elemento vivo. Cada grupo es deferente y único, del mismo modo que no hay dos personas iguales.
Esto está muy relacionado con el siguiente área  que analiza Teresa para darnos una visión de conjunto sobre el grupo, el grupo como sistema. Podemos adentraros en este enfoque citando la hipótesis de Kurt Lewin sobre “el grupo como un todo, cuyas propiedades son diferentes son diferentes de la suma de las partes; el grupo y su ambiente constituyen un campo social dinámico, cuyos principales elementos son los subgrupos, los miembros, lanales de comunicación, barreras, roles, etc. Si se modifica un elemento, se modifica la estructura de conjunto”.
En este punto podemos resaltar dos ideas que matizan o amplían esta hipótesis. Por un lado, que el grupo es un elemento dinámico que pasa por diferentes fases desde su construcción, cohesión… hasta su desaparición. Y por otro, que además es un conjunto de elementos relacionados entre sí, que persiguen unos objetivos determinados y que la naturaleza de sus interacciones es consistente durante un periodo prolongado de tiempo.
Otro aspecto a tener en cuenta como nos dice la autora a la hora de trabajar con grupos es “la identidad personal”. El proceso de identidad comienza por la asimilación de la identificaciones en la infancia y según nos vamos desarrollado se torna en una selección de patrones, creencias y roles que nos ayudan a cubrir nuestras necesidades. Por lo tanto, la interacción con los grupos nos ayuda en este desarrollo y que se verá reforzado o censurado en función de su aceptación. En palabras de Erikson, “la identidad se desarrolla en la interacción con el grupo y la aceptación de éste por parte del mismo”.
Goffman define la identidad personal como “el sentimiento subjetivo de su propia situación, continuidad y forma de ser alcanzada por un individuo como resultado de las diversas experiencias sociales por la que atraviesa”. Y Teresa Zamanillo define identidad social como “los signos portadores de información que al encontramos con un extraño, nos resultan accesibles y que recibimos de un modo rutinario”. Ambas definiciones están muy relacionada y son interdependientes entre sí. En función de la formación nuestra identidad personal emitiremos una identidad social. Pero si le damos una vuelta más, en función de la aceptación que tenga esta identidad social (como nos decía antes Erickson) se matizara y formará nuestra identidad personal.
Esto, resulta muy evidente en el trabajo con adolescentes en situaciones graves de exclusión social residentes en un poblado chabolista. Su identidad se forma en base a las relaciones que establecen con su grupo de iguales. Si su comportamiento cumpliese con los cánones establecidos por la sociedad mayoritaria serán rechazados por los miembros de su comunidad. Y mientras repliquen los patrones de los miembros de su comunidad, serán rechazados por la sociedad mayoritaria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario